Somos Raíz (Barro y Vida Instintiva)
La existencia se origina en la tierra viva que nos dio forma. En cada célula habita la memoria del universo y la fuerza de la supervivencia. Somos continuidad de una sabiduría biológica que respira a través de nosotros. La raíz representa ese saber profundo del cuerpo que busca sostener, proteger y perseverar.
Aceptar nuestro barro no es rendirse a la materia, sino reconocerla como el primer lenguaje del alma.
Somos Tallo (Mente y Vida Emocional)
De la raíz brota el tallo que se eleva buscando la luz. En él se encuentran las emociones, la mente y la historia que nos ha moldeado. La conciencia comienza a organizar lo que antes era impulso, a transformar la reacción en comprensión.
Cada pensamiento es una hoja que respira el aire del entorno; cada emoción, una savia que nutre o desgasta. Aprender a sentir y pensar con claridad es cultivar un tallo firme que sostenga el florecer.
Somos Flor (Espíritu y Vida Consciente)
Cuando la raíz está nutrida y el tallo flexible, surge la flor: símbolo de la creatividad, el amor y la felicidad consciente.
El espíritu florece cuando la persona integra cuerpo, mente y alma en un solo movimiento vital.
Ser espíritu no es escapar del barro, sino iluminarlo. Es vivir con presencia, respirar con gratitud y crear con amor.
Así comprendemos que el crecimiento humano no busca escapar del mundo, sino hacerlo fértil: convertir cada experiencia en semilla de vida nueva
